La movilidad sostenible de los empleados (hoverboards, monociclos y patinetes eléctricos): ¿están preparadas las empresas para ser agentes del cambio?





La tecnología ha favorecido la aparición de soluciones novedosas de movilidad urbana que están modificando los hábitos de los trabajadores en sus desplazamientos al ir y al volver del trabajo. En España ya circulan más de 20.000 vehículos de movilidad personal, la mayoría patinetes eléctricos, según datos de la Asociación de Usuarios de Vehículos de Movilidad Personal. Sin embargo, el accidente laboral in itinere sigue siendo la hermana pobre de la prevención de riesgos laborales ya que no es frecuente en las empresas impartir formación sobre seguridad vial. Este hecho resulta llamativo cuando se observa que el accidente in itinere representa el 11,6% del total de accidentes de trabajo (INSST, 2017). Además, se estima que entre el 40% y el 60% de todos los accidentes laborales de tráfico que producen la muerte del trabajador, ocurren a la ida, durante o vuelta del trabajo, según el informe realizado por el Observatorio Europeo de Seguridad Vial en 2018 sobre “Work-Road Safety” (Arenas Quer, Accidentes laborales de tráfico, 2019).  

Al menos son dos las sentencias que han considerado el patinete como medio idóneo para ir y volver del trabajo ya que el desplazamiento es más breve y no necesariamente más peligroso, calificando los daños sufridos por el trabajador como accidente laboral (STSJ Cataluña de 12-6-2014, AS\2014\1862 y STSJ Asturias de 29-12-2016, JUR\2017\18736). Ahora bien, dichos artefactos se deben utilizar estrictamente para el desplazamiento, es decir, sin alargar su uso con fines de esparcimiento. Lo contrario supone introducir un motivo o conveniencia personal totalmente ajeno y extraño al trabajo que tiene por efecto que el accidente sea calificado como común con la correspondiente minoración de la prestación de Seguridad Social (véase el caso del trabajador que utilizaba el tiempo de ida y vuelta del trabajo para la práctica del deporte del ciclismo y que no acudía a su trabajo por el camino más corto posible, STSJ C. Valenciana 11-2-2003, AS\2003\2909). 

Conviene advertir que no coinciden los supuestos de infracciones en materia de circulación de vehículos con el concepto de accidente de trabajo que tiene una protección mayor. Lo que significa que las simples infracciones de normas de tráfico no se consideran una imprudencia temeraria y no impiden su calificación como accidente de trabajo (STSJ Navarra 17-11-1993, AS\1993\4757). Precisamente, en el accidente sufrido por el trabajador  en el trayecto de regreso a su domicilio tras finalizar su jornada laboral a las 4 horas de la madrugada, se explica que no cabe oponer que la vía por la que circulaba no está autorizada para el uso de monopatines, pues tal circunstancia constituye una infracción administrativa pero no una imprudencia grave o temeraria, que es la única que podría impedir la calificación de accidente laboral (STSJ Asturias de 29-12-2016). Pero, ¿cuáles son las normas de circulación de los patinetes eléctricos que deben cumplir los empleados?; ¿cuándo el incumplimiento de estas normas puede considerarse imprudencia temeraria por los jueces?

Hasta el momento, no existe regulación nacional contando solo con la Instrucción de la DGT 16/V-124 de 3-11-2016 y, en su caso, la normativa municipal (por ejemplo, Madrid, Barcelona o Valencia). En la Instrucción, la DGT recomienda una clasificación de los nuevos vehículos de movilidad personal en función de la altura y de los ángulos peligrosos que pueden provocar daños a una persona en un atropello (A, B, C0, C1 y C2). Así, los patinetes eléctricos pertenecen a las categorías A (velocidad máxima 20 Km/h) o B (velocidad máxima 30Km/h). En defecto de normativa municipal, en un caso de atropello en paso de peatones a usuario de patinete eléctrico, se ha aplicado el artículo 121.4 RD 1428/2003 sobre Circulación de vehículos de motor que indica: "Los que utilicen monopatines, patines o aparatos similares no podrán circular por la calzada, salvo que se trate de zonas, vías o partes de éstas que les estén especialmente destinadas, y sólo podrán circular a paso de persona por las aceras o por las calles residenciales debidamente señalizadas” (SAP Álava 18-9-2017, JUR\2017\301617).

Tan solo se viene considerando imprudencia temeraria cuando se trata de infracciones gruesas que rayan el dolo (conducción con exceso de velocidad; el accidentado no respeta una señal de stop o de ceda el paso o cruza la autopista de noche). Para comprender la interpretación restrictiva que acompaña a la imprudencia temeraria se pueden utilizar, a modo de espejo, los accidentes sufridos por trabajadores usando medios de transporte semejantes al patinete como es el caso de las bicicletas y ciclomotores. Al respecto, han concluido los Tribunales que: 

-No se califica de imprudencia temeraria el accidente del trabajador (que, en este caso, supuso su fallecimiento) cuando conducía  un ciclomotor de 50 cc con las luces apagadas a las 7 de la tarde en pleno otoño (STSJ de Castilla-La Mancha 11-2-2000, AS 2000\1137). 

-Tampoco ir de "paquete" en la parte trasera del ciclomotor pese a que era una conducta prohibida por la normativa de seguridad vial: "En efecto, si bien no se duda que su conducta viola las reglas de la seguridad vial, pues el código de la circulación prohíbe viajar como acompañante ("paquete") tal infracción no es demostrativa, en absoluto, de un claro y manifiesto desprecio por su integridad física. Además, el relato de hechos probados proclama que la colisión del ciclomotor en el que viajaba la trabajadora, que circulaba a treinta kilómetros por hora, se produjo como consecuencia de la indebida maniobra de una bicicleta, sin que el hecho de que la accidentada viajara en la parte posterior incidiera en el resultado producido" (STSJ Islas Canarias, Las Palmas, 19-5-2000, JUR\2000\267845).  

-Se admite también como accidente laboral el ocurrido al empleado cuando iba en bicicleta por el arcén de la autovía. A juicio del Tribunal: "En el presente caso existe una mera infracción de una norma reglamentaria, pero que no genera grave situación de peligro ni revela un claro menosprecio de la propia vida, sino que por el contrario evidencia que el conductor de la bicicleta se sentía más seguro circulando por el arcén de la autovía, que por otra vía normal, en la que no disponía de un pasillo en el que la circulación esté prohibida a los vehículos de motor. La causa directa y relevante del accidente sufrido por aquél no se encuentra en tal infracción reglamentaria, sino en la negligencia del conductor del camión que invadió el arcén arrollando al ciclista" (STSJ Murcia 30-9-1993, AS\1993\3958). 

Desde el punto de vista de la prevención de riesgos laborales, parece recomendable que haya una mayor implicación por parte de las empresas de cara a diseñar planes conjuntos de movilidad y seguridad vial en colaboración con la DGT. Igualmente, sería preciso que se establecieran reglas homogéneas para los hoverboards, monociclos y patinetes eléctricos sobre las condiciones de circulación y requisitos para circular.

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